Principios filosóficos y epistemológicos del ser docente
Capítulos III, IV y V
En el ejercicio de la docencia existen una infinidad de responsabilidades que debemos afrontar si realmente queremos educar partiendo desde los principios pedagógicos. Entre los retos a asumir se encuentra el de generar aprendizajes significativos que respondan a las realidades de las personas estudiantes, las cuales, actualmente, se encuentran en un contexto cargado de problemáticas político-económicas que han derivado en la desigualdad e injusticia social. Por ello, se vuelve necesario promover una educación que empodere para la transformación de todas estas situaciones.
Con base en lo anterior, es evidente que el profesorado requiere de una formación crítica y actualizada con la que pueda alcanzar tales objetivos, por lo tanto, no basta con dominar bien la disciplina sobre la que impartimos clases sino que, además, hay que saber de pedagogía. Dos de las dimensiones pedagógicas que se relacionan directamente a este tema, son la ética y la política, ambas, son también ramas de estudio de la filosofía. Existen varias corrientes de ética, por ejemplo el formalismo (Kant), el utilitarismo (J. S. Mill), entre otras; sin embargo, aquí nos interesan principalmente los postulados éticos generados desde nuestra realidad latinoamericana cuyo expositor principal es Dussel. Este pensador, problematiza las imposiciones que han sufrido nuestros pueblos por parte de las culturas dominantes y las afectaciones que nos ha generado la modernidad. Ante ello, propone la formación de sujetos transmodernos, es decir, personas que sepan qué aportes tomar de la modernidad y cuáles descartar, reconociendo a la vez otros saberes valiosos.
La filosofía latinoamericana en conjunto con las pedagogías formuladas desde nuestra región, han analizado el contexto político-económico identificando cómo cada vez la concentración de la riqueza en un pequeño porcentaje de personas ha generado una desigualdad que va en aumento. De esto se derivan injusticias que deterioran la calidad de vida de muchas familias a las que probablemente pertenezcan nuestros estudiantes.
Con base en lo anterior, notamos la importancia del compromiso ético que debe asumir el profesorado en tanto que una educación valiosa, no se trata de proporcionar saberes aislados de los problemas reales, sino contribuir en las luchas por una sociedad más justa, mediante la generación del pensamiento crítico y argumentativo que sirva para que las y los educandos puedan entablar acciones emancipadoras.
A modo de cierre, cabe señalar que para lograr una transformación social desde nuestra labor, es importante que nuestras acciones sean acorde a lo que enseñamos. No sería corrector criticar actos que nosotros mismo podemos en práctica, o hablar de ética cuando en lo que hacemos no se reflejan estos principios. Dar el ejemplo es algo que ya Freire nos sugirió en algún momento, lo cual suele tener más peso que simplemente llegar a decir qué se debe y qué no se debe hacer.
Hay algunas acciones que le suman valor y credibilidad a lo que enseñemos, entre ellas se encuentran la negociación en el aula (llegar a acuerdos de qué desean aprender las personas estudiantes y qué debemos enseñar), el diálogo, la comunicación asertiva, las dinámicas creativas y el grado profesional que reflejemos en cuanto al dominio de los temas de nuestra área. Es necesario que los jóvenes con quienes trabajemos valoren nuestros conocimientos para que se interesen en aplicarlos, razón por la que también es fundamental enseñarles cómo puede beneficiarles el aprendizaje de la asignatura, para que la educación sea realmente un espacio orientado a la mejora de la realidad en que vivimos.
Bibliografía consultada
Pinto, R. (2012). Principios filosóficos y epistemológicos del ser docente. Coordinación Educativa y
Cultural Centroamericana (CECC/SICA).